La crisis de los cuarenta y pocos

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En la entrada anterior os comentaba sobre mis próximas lecturas de ciencia ficción, pero no solo de tal vive el hombre, así que también estoy leyendo otras cosas. Por ejemplo a Kafka más o menos completo.

La costumbre de leerme a un autor al completo —haciendo abstracción de Verne —, me vino a causa de la colección de RBA publicada en el 2004 y que poseo al completo, o todo lo al completo que en su momento pude, porque ciertamente faltan volúmenes, pero ignoro si es que yo no pude compraros o simplemente la editorial dejó de venderlos.

Independientemente de eso, es una buena colección, con casi todas las obras de un montón de autores importantes. En su momento leí a Galdós completo allí, en sus doce volúmenes, aunque la mayoría de los Episodios Nacionales me parecieron unos truños épicos, pero volví a disfrutar como un enano con la serie sobre Torquemada, y leí por primera vez otras obras principales del autor.

También me tragué, con mayor placer, a Dickens. También doce volúmenes. Y en este caso con una traducción bastante fiel porque, si no lo sabes te lo digo yo, la mayoría de las traducciones que puedes encontrar por ahí son basura, recortadas y digeridas.

A lo que hay que añadir la introducción y traducción de José Méndez Herrera, que conserva el sabor original de Dickens. Lo único que le puedo achacar a este hombre es que la biografía de Dickens está escrita en el mismo tono barroco y sobrecargado.

(De hecho me estoy pensando comprar la edición original de Aguilar en papel biblia en seis volúmenes, que es en la que está basada esta que os comento de RBA).

NOTA: Después de escribir lo de arriba entre paréntesis, vi una oportunidad de oro y en efecto las compré. Ahora obra en mi poder tanto la de RBA como la de Aguilar original.

Otros autores leídos por completo, o al menos todo lo completos que vienen en la edición citada, son Rubén Darío, Cervantes (incluyendo La galatea, truño épico), Clarín, Poe, Dante, Proust (no completo del todo), Shakespeare… Eso no quiere decir que no los hubiera leído antes, sino que lo he hecho al menos en esta edición. Por ejemplo, Poe fue la tercera vez que lo hice.

Me quedan un montón de autores por avanzar, entre ellos a Kafka.

(NOTA: de nuevo Kafka ya ha sido pasado por la piedra a la hora de publicar la entrada).

Y esto me trae al meollo de la entrada, y es que estoy cansado de leer. Bueno, no, no es que lo esté, es que cada libro nuevo es más de lo mismo. Es repetir el ciclo, llover sobre mojado, independientemente de si la obra me resulta un tanto original (como por ejemplo El desaparecido de Kafka) o se trata de la enésima encarnación de lo ya leído.

No sé explicarme mejor. Supongo que si eres un lector tan lechuza de biblioteca como yo sabrás a qué me refiero. No hay nada nuevo bajo el sol. Te pones a leer un libro y en la página cien ya sabes cómo va a acabar y, lo que es peor, en la 50 ya sabes de qué va la historia, y qué pasos va a realizar el personaje.

Hay muy pocos libros, al menos que yo haya leído últimamente, que me produzcan una sensación de frescura, un algo nuevo, algo que me convenza que todavía quedan obras buenas por leer.

Evidentemente, desde un punto de vista abstracto o teórico, las hay, y no pocas, pero desde el personal, no creo. Me refiero a que a mi no me van a emocionar, o no me van a convencer de nada.

Obras que no he leído como por ejemplo Moby Dick, pero no las versiones capadas al uso, sino la original, o una supuesta buena traducción, que en este momento creo que tengo entre manos. Dos capítulos y me está convenciendo. Poco pero lo está haciendo, aunque la introducción del traductor casi hace que cierre el libro y lo vuelva a meter en la estantería virtual.

(Y sí, me vais a perdonar que no la haya leído antes. ¿Tu sí? ¿En qué edición? Si tiene menos de 700 páginas, es una edición abreviada, así que no la has leído).

Quizás le de una nueva oportunidad al Ulises (el de Joyce), o retome (desde el principio) la interrumpida hace muchos años proustada, y es que tardar cincuenta páginas en describir cómo doblan una esquina, o el acto de comerse una magdalena no es algo que sea santo de mi devoción. Pero cualquiera sabe, lo mismo es que no estaba preparado, y ahora sí.

Por eso hablo de la crisis de los cuarenta y muchos, casi cincuenta en mi caso. No voy a entrar en los típicos tópicos sobre cómo corre el tiempo, no es momento de eso aunque algo hay.

Me refiero a la crisis de la lectura, que llevo arrastrando desde más o menos los cuarenta y pocos (de ahí el título). A lo mejor a ti te pasa los treinta, o tienes la gran suerte de que te mueras sin haber llegado a ella.

Supongo que dependerá de cuántos libros leas. Imagino que llegado a un punto a todos nos ocurre lo mismo. Que yo sepa, soy el tercer caso del que he tenido referencia.

En mi caso me entretengo releyendo las cosas que me gustaron y encontrándoles nuevos sabores. En el de mi esposa, ella lo hace con sus plumas estilográficas y la parte asociada a las redes sociales (y a los gatos), y en el tercero, hace años ya, simplemente me dijo que no leía más pese a ser profesora de literatura.

Y creo que tiene difícil solución.

Y esta es la situación de las cosas. Ya os contaré más.