La vida da unas vueltas…

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Ínclitos lectores, almas fraternas, yo os saludo y os cuento una historia curiosa, una de esas serendipias que te encienden las alarmas y te ponen todo cardíaco.

Ya sabéis que me gusta mucho la ciencia ficción, y mi afición por Verne no es desconocida por nadie que se haya acercado a mi, así que una cosa lleva a la otra y unos autores te introducen en otros, etc..

Aunque no es el caso, porque Wells me gusta desde siempre -ya sabéis, El hombre invisible, La isla del doctor Moreau y otras historias más o menos interesantes.

Y digo interesantes porque este hombre escribió mucho, pero escribió bajo una conciencia social que ahora nos parece, aparte de muy inocente, completamente trasnochada, y la mayoría de sus historias podríamos considerarlas hoy como verdaderos muermos.

Existe un cierto paralelismo con Conan Doyle, que prefería sus truños históricos frente a su Sherlock Holmes pero sin embargo se le recuerda por él y no por lo otro. Pues lo mismo ocurre con Wells. Su obra social está completamente olvidada y se le recuerda por novelas de aventuras que seguro él mismo no tendría en mucha estima.

Pues bien, como siempre ando a la caza del libro antiguo no por antiguo sino por el contenido, hace unos meses descubrí a muy buen precio -apenas unos euros-, una edición completa de los cuentos de Wells. En concreto la Centenary Edition publicada por Ernest Benn originalmente en 1927, aunque yo tengo la veinteava edición que contiene 67 cuentos. Se me olvida decir que está en inglés.

De hecho el título del libro es The complete short stories of H. G. Wells. Quedémonos con el número 67, que se supone es la totalidad de los relatos publicados por el autor.

Bien, recibo el libro, que está en muy buen estado e incluso tiene la sobrecubierta pegada y fijada con celo a las tapas. Esto es ago que no me gusta mucho porque el pegamento suele ir perdiendo sus características y termina despegándose y dejándolo todo pegajoso, pero en este caso la calidad del adhesivo es innegable porque continúa perfectamente fijado.

Y el libro tiene años, por lo menos cuarenta, y puede que ni siquiera haya sido leído una vez.

Otra de las cosas que me gustan mucho de este tomo es la tipografía, una especie de mezcla entre Iowan y Georgia que seguro tiene nombre pero que yo desconozco y que tampoco viene nombrada en el libro.

Pero ¡ah, amigo! Es un libro de segunda mano. Es un libro que puede haber estado almacenado en cualquier sitio. Hoy en día este tipo de libros se suele vender desinfectado, o al menos desinsectado.

Lo que no se vende es desodorizado. No, no es que huela raro, pero los sótanos no son el mejor lugar para almacenar un libro. El olor a humedad es tan intenso que resulta bastante difícil de leer, ya que molesta bastante.

De hecho está unos meses al aire libre, al alcance del sol pero todavía conserva un aroma a almeja revenida que tira para atrás. Y de hecho, hasta cuatro días antes de escribir esto no había podido empezar a leerlo.

Y ahora es cuando viene lo de la serendipia. Si bien es cierto que han pasado unos dos meses desde la compra del libro, decía que hace cuatro días Inoreader me trajo una noticia muy chula: la publicación de los Cuentos completos de H. G. Wells por la editorial Valdemar. En español, por supuesto.

Mi gozo en un pozo, me digo. A buena hora mangas verdes. Ya podía haberme enterado tres meses antes. En fin, que uno es de gatillo rápido y pasé por caja. En Amazon Alemania porque uno vive en Holanda y es el lugar más cercano para comprar sin problemas.

Dos días después un amable repartidor, que ya debe conocernos por esos extranjeros que compran tantas cosas en Amazon, me entregan el paquete.

El libro es un tochaco que más de mil páginas, encuadernación cosida (¡yuju!), cosa que no es muy normal en estos tiempos de impresión bajo demanda, y papel de una calidad aceptable. Además, con punto de lectura. Eso sí, este libro lo tienes que leer en atril, lo que a mi al menos me gusta.

Para seros sinceros, yo me esperaba otra cosa. Si habéis llegado aquí, por favor, terminad de leer porque no es lo que os imagináis. Seguid mi razonamiento.

Tengo una edición completa de los cuentos de Wells, digamos que unaedición original, y me encuentro con una traducción al español de lo que uno piensa es, quizás, el mismo volumen que poseo y que seguro ha estado unos años en la biblioteca de Calamardo o de Bob Esponja.

Lo que uno imagina es que la edición en español puede adolecer de ciertas faltas. Por ejemplo eliminar un cuento porque así les cuadre mejor el papel. O simplemente al traductor se le olvidó uno. O algo más razonable: que uno de ellos todavía tenga derechos de autor y el editor se los quiera ahorrar.

Pueden ser mil cosas, la verdad. La edición de Valdemar dice por algún lado que contiene los ochenta cuentos publicados, incluyendo La máquina del tiempo que se considera como un cuento largo.

Espera, espera. ¿80? ¿No son 67? Pues sí, comprobado uno a uno, la edición de Valdemar contiene trece cuentos más que la supuesta edición completa. Para que luego digan de los editores y la picaresca española.

En resumen: miel sobre hojuelas. Hala, me voy a leer.