La ínclita columna y el significado de los nombres

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Para los cero o ninguno de mis lectores. No sé si os habéis dado cuenta, pero hay publicadas varias entradas con una nueva sección que lleva por título La ínclita columna. Por poco espabilados que seáis, os habréis dado cuenta que la cosa tiene cierta continuidad.

(En el ínterin me pregunto que si en la cantidad de cero lectores puede existir algún tipo de variabilidad de espabilosidad. Quizás hable sobre esto y los infinitos de Cantor, pero en otro momento. Sigamos con el tema que nos ocupa.)

Decía que estoy escribiendo una columna. Mensual, o con una periodicidad mensual como poco, lo que quiere decir que, al menos, veréis una entrada al mes asociada a esta sección y seréis partícipes de mis más íntimas meningitiadas.

¿De qué voy a hablar? Pues de mi libro. Es un decir. O más bien me refiero a que lo haré de lo que quiera. De lo que se me pase por la cabeza. Pensamientos más o menos coherentes (desde mi punto de vista al menos) y elucubraciones varias.

Como por ejemplo lo que nos ocupa ahora, que es hablar del significado de los nombres. De el mío en concreto.

Para el que no lo sepa, mi nombre completo es Rafael Francisco. Ya solo me falta tener cuatro o cinco apellidos y podría codearme con la alta sociedad. Bueno, con la media porque solo tengo dos nombres. Supongo que para acceder a la verdadera realeza se necesitan seis o siete por lo menos.

¿De dónde viene el segundo nombre? La explicación, me comenta mi señora madre, tiene origen en que mi padre quería que me llamara Paco y ella Rafael, para romper la cadena de Josés Marías que llevaba arrastrando la estirpe paterna de la línea genealógica materna.

Si mi padre hubiera querido otro nombre menos común, mi madre habría consentido, ¿pero Paco? ¡Con los miles de millones de Pacos que hay por el mundo!

Así que no, que Rafael o no hay escatérgoris. Para que luego digáis de la sumisión femenina al macho alfa familiar en todo el meollo de la época franquista española. (Y si no, que le pregunten a La Collares).

Al final, por contemporizar, Rafael Francisco, o Rafael Paco com a veces me llamo a mi mismo en tono humorístico.

Esto ha conllevado algunos inconvenientes, como aparecer en muchos documentos con los peregrinos nombres de Rafael Francisc, Rafael Fran, Rafael Fra y otras variaciones que a veces hacían levantar la vista hacia mi cuando presentaba mis papeles.

Y la cosa se puso más seria cuando entramos en la era informática, sobre todo al principio de los tiempos, con los “no me cabe tu nombre completo”. Desde luego no con espacio para diez letras para el nombre. No sé yo cómo inscribirían a Pepe Juan Alberto Julián Ataúlfo Sánchez-Giménez de Los Santos de Arriba y Bellido, y reales nombres de similar corte. A lo mejor es que tenían secciones especiales con más espacio. Total, reyes solo hay uno.

En fin, sigamos con el tema.

El otro día, hablando con mi mujer, salió el tema de que la gente que ha llamado Daenerys a sus retoños se está arrepintiendo al descubrir que la reina de los dragones está más loca que un cencerro, es sanguinaria y poco propensa a las amabilidades.

No voy a entrar aquí a considerar lo jodidamente estúpido que es ponerle a tu hijo el nombre de un personaje de ficción, y encima si dicho patronímico es inventado para la ocasión. De eso puede que hable en otro momento.

De aquellos barros, estos lodos. Surgió el tema del significado de los nombres. Sí, los nombres significan algo. Al menos los nombres más comunes. Y los apellidos.

Por ejemplo, Expósito era el apellido que ponían a muchos de los se encontraban en las esclusas de los monasterios, abandonados por sus mamás pecadoras o porque no podrían mantenerlo. Todos los terminados en ez significan hijo de… Por lo tanto, si tu apellido es Putez, ya sabes, eres un hijo de puta. Pero si es González, pues Hijo de Gonzalo, y así con todos los Lo-que-sea-ez.

¿Qué significa entonces Rafael? Pues como el nombre es de origen hebreo (judío, vamos, aceptado por la Iglesia del momento pero judío, para que luego digan), puede significar varias cosas dado que en aquellos tiempos las vocales no tenían valor alguno y no as escribían, así que había que andar leyendo las cosas con bastante imaginación.

Y puede significar Dios ha sanado, La medicina de Dios, y hasta quien proveerá el cuidado de Dios. Vamos, todo ello relacionados con los poderes curativos de Dios.

O en otras palabras, si me comes, te curas. Ejem. Otra cosa es que te deje, claro, que yo valoro mucho mis carnes.

¿Y Francisco? Pues el origen de Francisco no está muy claro, pero significa el hombre francés en el sentido de la tribu germana de los francos. Buena combinación: el hombre francés que proveerá el cuidado de dios.

En fin, cosas de los nombres.

Y ya para terminar, la etimología de Paco como abreviatura de Francisco es un tanto curiosa. Parece ser que un tal Pedro Bernardón (que era un comerciante rico) tuvo un hijo al que apodó San Francisco de Asís cuando este se le fue por los derroteros místicos. Sí, hablamos del famoso religioso fundador de la orden franciscana. Pues bien, a San Francisco se le conocía como el Pater Comunitatis (el Padre de la Comunidad). Elaborando un poco, PAter COmunitatis. PACO.

Para que luego digáis. Ya me veo yo en la época en la que este hombre vivía , novicios susurrando en la noche que viene el Paco