La IA no te va a quitar el trabajo, tu miedo sí: Crónica de un ludita converso

La inteligencia artificial no es el fin de los oficios, sino una herramienta para potenciarlos. Una reflexión sobre el miedo al cambio y cómo adaptarnos.

Este texto ha sido generado por Gemini 2.5/3.1 a partir del audio del autor. El contenido y las ideas son íntegramente del autor; la redacción ha sido asistida por IA.


¡Qué pasa, gallinicas mías! Aquí vuestro reportero maricharachero, que parece que está lanzado. Pensaba abandonar el podcast, pero me he emocionado generando audios y he decidido darle una nueva vida al blog. De hecho, acabo de terminar el libro de David Pogue sobre los 50 años de Apple y he tomado una cantidad de notas impresionante. Mi plan es subirlas a Notebook LM y pedirle que genere un audio, pero no sobre el libro, sino sobre mis propios comentarios. Esa es la clave.

Los dos audios anteriores los hice así. No se trata de subir un libro y decirle a la IA «comenta lo que quieras». No, no. Se trata de que comente lo que yo quiero que comente, de guiarla con mis propias ideas. Para mí, este es el futuro del podcasting y de la creación de contenido en general: la IA como un colaborador al que diriges, no como un sustituto que actúa por su cuenta.

El debate de los luditas modernos

He estado escuchando a compañeros como Mosquetero Web y Tejedor decir que la inteligencia artificial va a acabar con Internet, con los oficios, con todo. Sinceramente, me parecéis unos putos luditas de manual. Un poco de historia: cuando llegó la máquina de vapor, todos temían por las diligencias. Con el coche, lo mismo. Cada vez que aparece una tecnología disruptiva, los poderes establecidos y los más obsoletos tiemblan de miedo.

La novedad ya ha llegado y no va a desaparecer, por mucho que protestéis. Hay que adaptarse. Tenía un conocido aquí en Holanda, un hombre 40 años mayor que yo que en paz descanse, que me decía: «Rafa, yo era tonelero. Cuando vi que el oficio se acababa, me hice carpintero metálico. Me hice herrero». Y punto. Pues eso es lo que toca hacer ahora: menear el culo.

La IA no va a matar a los podcasters. Al contrario, me está ayudando. ¿Han mejorado mis audios desde que elimino el ruido con machine learning? Por supuesto. ¿Le he devuelto la vida a mi blog convirtiendo mi voz en texto? También. Ahora, si no queréis escuchar mi aterciopelada voz, tenéis la entrada del blog, mejor ordenada de lo que yo hablo. No estoy matando al podcaster que hay en mí, me estoy subiendo a hombros de gigantes.

La IA como potenciador, no como sustituto

Mis reseñas de libros generadas con IA no son estúpidas ni carecen de sentido, porque soy yo quien dirige el proceso. Lo mismo ocurre con el desarrollo de software. Mi jefe llevaba tiempo pidiéndome que hiciera que las consolas de comandos de nuestra aplicación se pudieran minimizar. Era una de esas tareas que, entre que no me acordaba y no tenía tiempo, nunca hacía.

Le hice una pregunta a Gemini y en segundos tenía el código. Me ahorró buscar en las APIs, encontrar la función y probarla. ¿Me ha quitado el trabajo? No, me lo ha potenciado. Yo sé dónde y cómo poner ese código, y lo entiendo. Mi jefe no podría hacer eso. La IA no me reemplaza, me hace más eficiente.

De hecho, hace seis meses que no escribo una línea de código desde cero. Si escribo algo, se lo paso a la IA para que lo revise. El otro día, escribí un pequeño script para solucionar un problema con los archivos .ini y el BOM de Windows. Se lo pasé a la IA y me dijo: «¡Ojo! Aquí puedes tener una fuga de memoria. Este otro código es mejor». Y, efectivamente, lo era. Usé el suyo. La IA nos va a potenciar, no a eliminar.

El culebrón del Mac Studio y la verdadera razón de la venta

Hablando de herramientas, os conté que pensaba comprarme un Mac Studio con el futuro chip M5. Cada generación de Apple Silicon ha traído una mejora clave: el M1 fue el bombazo inicial, el M2 añadió instrucciones FLOP16, el M3 trajo el Ray Tracing y el M5 promete revolucionar la IA en local con núcleos dedicados en la GPU. Por eso me interesaba.

Pero, haciendo números, no sale a cuenta. Un Mac Studio M5 Max costará unos 2.500 €. ¿Mi gasto en APIs de IA hasta ahora? Unos 7 u 8 céntimos. Puse 5 dólares en Claude y me caducaron antes de gastarlos. La inversión en hardware no se justifica para mi uso actual. Así que os ofrecí mi equipo actual: el Mac Studio M1 Max, un Mac Mini M2 Pro con 32 GB de RAM y 2 TB de disco, y un MacBook Pro M1 Pro.

Al principio todos «¡quiero, quiero, quiero!», pero a la hora de la verdad, si te he visto no me acuerdo. Sois unos cabrones con patas. Pero bueno, he decidido venderlos igualmente. Ya no para comprar el pepinaco nuevo, sino para deshacerme de macOS, del que estoy un poco hasta los hueveres.

Adaptarse para sobrevivir en la nueva era

El miedo a la IA es el miedo a lo desconocido. Se dice que los profesores están acabados. ¡Al contrario! Si sabes que tus alumnos van a usar LLMs para hacer los trabajos, enséñales a usarlos bien. Hay que usar la azotea de una manera diferente, igual que la invención de la escritura o de los ordenadores cambió nuestra forma de pensar.

Me imagino a un cazador prehistórico harto de perseguir osos durante días, viendo cómo uno se cargó a su amigo Juanito, y pensando: «¿Y si meto dos osos en un corral?». En ese momento, transformó el mundo. Ahora estamos en un punto similar. No te quejes, busca la forma de aprovecharlo. Surgirán nuevos trabajos que hoy ni imaginamos.

Yo mismo no estoy a la última, no ando con 200 agentes de IA como veo en Twitter. Voy a mi ritmo, esperando a que la tecnología se estabilice, como hice con Gemini. Pero la estoy integrando. Si el día de mañana mi jefe cierra la empresa y tengo que buscar trabajo, podré decir: «Sí, uso la IA, y la uso así». Si me piden algo que no sé, como los agentes, diré lo mismo que cuando entré en mi antiguo trabajo sin tener ni idea de Windows Phone: «Dame dos semanas».

Una filosofía de supervivencia

Al final, todo se reduce a la supervivencia y la adaptación. Si reaccionas como un conductor de diligencias viendo llegar los coches, te quedarás atrás. Lo lógico es aprender a conducir o a reparar esos coches. Y si todo falla, si un día la IA nos deja a todos sin trabajo y sin un duro, yo tengo un plan.

Se lo decía a mi madre con veinte años: si no tengo para comer, me voy a un supermercado, como algo y espero tranquilamente a que venga la policía. Sin violencia, sin resistencia. Al juez le diría: «Señoría, tengo derecho a comer». Si me meten en la cárcel, tendré comida. Si me sueltan, volveré a hacerlo. Es una forma de resistencia pasiva. Quizás soy yo el rarito, pero hay miedos que no entiendo cuando la solución es moverse.

En fin, que me voy de vareta. Ya sabéis, no olvidéis sospechar habitualizaros, que no os la pique un pollo belga. ¡Ah, demonio!