Este texto ha sido generado por Gemini 2.5/3.1 a partir del audio del autor. El contenido y las ideas son íntegramente del autor; la redacción ha sido asistida por IA.
¿Qué pasa, gallinicas mías? Aquí vuestro reportero mas dicharachero de Barrio Sésamo para contaros otro batiburrillo de cosas, esta vez centrado en mi ordenador grande y negro. Pero antes, un momento para hablar de nuestro nuevo miembro en la familia: el señor Don Gato.
Es curioso, porque parece que los gatos tienen un ciclo de adaptación de una semana. Le compramos un rascador vertical el día después de que llegara, e incluso se lo monté delante para que viera que era para él. Mi anterior gato, Gordy, abrazaba sus rascadores durante horas cada vez que se los arreglaba. Este, en cambio, prefiere rascar las alfombras baratas de mi despacho. No hay problema, cuando se destrocen, compraremos otras.
Intentamos con un rascador horizontal de cartón, con forma de onda, pero le tiene pánico. Si se lo pones cerca, pega un bote y sale corriendo o te muerde si insistes. Probé a echarle catnip en hierba y en líquido, tanto en el rascador de cartón como en el vertical, pero nada. Se acerca, lo huele desde la máxima distancia posible y se va. Ni caso.
La semana de transformación del gato
Este gato es muy doméstico, seguramente porque lo separaron pronto de su madre, así que para él nosotros somos su manada. Desde el principio fue sociable, no se escondió y nos busca para recibir mimos. Sin embargo, hace un par de días, justo al pasar poco más de una semana, algo cambió. Ahora es «más gato».
Ha empezado a mirar las alturas, calculando si puede trepar a lo alto de las librerías. Ya lo he visto un par de veces durmiendo en modo «pollo asado» sobre el respaldo de uno de los sillones orejeros del despacho. Además, por primera vez, ha pasado un buen rato en la ventana que da al parking, cuando normalmente solo le interesaba la que da al jardín para ver los pajaritos.
Pero la gran victoria ha sido con la comida húmeda. Al principio, la ignoraba por completo. Le mezclé trocitos con su pienso y se los dejaba para el final. Probé a ponerle un platito con la comida húmeda en el centro de su dispensador de pienso por gravedad, pero el tío, muy listo, rascaba con la pata para que cayeran los granitos al suelo y comérselos desde ahí. Pasó casi un día sin comer por no tocarla. Esta mañana, sin embargo, nos hemos levantado y, por fin, se había comido el plato que le dejamos al lado. ¡Alegría!
La odisea logística de mi ordenador grande y negro
Vamos al lío. Esta mañana, a las 8, mi nuevo equipo llegó por fin a Ámsterdam. Yo esperaba que fuera a Róterdam, y esto complica las cosas. Róterdam es un centro de distribución final, desde donde salen los camiones de reparto. Podría ir a recogerlo. Ámsterdam, en cambio, es diferente.
Lo más probable es que el almacén de DHL esté en el aeropuerto, en una zona sin acceso público, o en algún polígono al quinto coño. Así que ni me molesto en llamar. Con suerte, hoy sábado lo mueven a Róterdam y podría acercarme a por él. Si no, tendré que esperarme al lunes. Lo que sí sé es que ya ha sido liberado de aduanas. Estaría curioso que a Apple le pararan un envío para inspección y me llegara la caja abierta.
Preparando el terreno: Un dock para gobernarlos a todos
Mientras espero, ya tengo todo preparado. Me he comprado el QBDock Thunderbolt 5 con carcasa para SSD. Es un dispositivo del tamaño de un Mac Mini moderno que, según dicen, se calienta bastante, aunque en mis pruebas con el MacBook Pro M1 no he notado que el ventilador se active en exceso.
Por delante tiene un USB-A y un USB-C de 10 Gb/s, jack de auriculares y ranuras para tarjetas SD y Micro SD. Por detrás, la cosa se pone seria: alimentación, un puerto de red de 2,5 Gb/s (la misma velocidad que el Mac Studio), otro USB-A y un USB-C de 10 Gb/s, el puerto Thunderbolt 5 para conectar al ordenador y otros tres puertos Thunderbolt 5 libres. Esto se suma a los tres puertos que me quedan libres en el Apple Studio Display.
Mi idea es que, con un solo cable, se conecte absolutamente todo: el monitor, el disco de Time Machine (que está en un puerto lento, porque no tiene sentido conectar un disco mecánico de 7200 rpm a un puerto de alta velocidad), el teclado mecánico, el ratón Logitech MX Master 3S y los cables de carga. Ya he hecho pruebas y funciona a la perfección.
La solución a un problema: Scripts con Gemini
Aquí me encontré con un problema: al desconectar el cable del dock, los discos duros no se desmontan de forma segura, lo que aumenta el riesgo de corrupción de datos, algo especialmente delicado con la copia de Time Machine. Así que le pedí ayuda a Gemini Pro.
Le expliqué mi problema y la solución que quería: un script para montar todo y otro para desmontarlo. Tras una pequeña conversación, me generó dos scripts en ZSH. El primero, que ejecuto justo después de conectar el dock, se asegura de que los discos estén montados, lanza aplicaciones que consumen bastante CPU como Better Touch Tool (lo uso mucho para atajos) y conecta mis teclados y ratones Bluetooth mediante una utilidad de Homebrew.
El segundo script hace lo contrario. Antes de soltar el cable, lo ejecuto y mata las aplicaciones que no quiero tener activas en batería, como el propio Better Touch Tool. También desconecta los dispositivos Bluetooth, para que el gato no mueva el ratón de la mesa y me vuelva loco, y, lo más importante, desmonta de forma segura todos los discos externos. Así, puedo desconectar el portátil sin preocupaciones.
El ciclo de la vida tecnológica
Estos scripts también los usaré en el nuevo Mac, donde tendré que instalar el SDK de .NET y Visual Studio Code para trabajar. Por cierto, sigo teniendo a la venta mi MacBook Pro M1 Pro (16 GB de RAM, 1 TB de SSD) por 1.000 € puesto en casa, un precio bastante competitivo. También está disponible el Mac Mini M2 Pro (32 GB de RAM, 2 TB de SSD).
Todo esto me hace pensar en mi antiguo iMac de 27 pulgadas de 2017 o 2019. Es una lástima de equipo, sobre todo por su increíble pantalla. Podría intentar convertirlo en un monitor externo, pero el proceso es complejo y arriesgado. Es triste ver cómo un equipo tan bueno queda obsoleto, algo que probablemente le pasará a los M1 en un par de años.
En fin, ya veremos si comparto los scripts por algún lado. De momento, voy a comprobar si mi cosa grande y negra se ha movido de Ámsterdam. Ya sabéis, sospechosos habituales, ¡que no os la pique un pollo belga!