Este texto ha sido generado por Gemini 2.5/3.1 a partir del audio del autor. El contenido y las ideas son íntegramente del autor; la redacción ha sido asistida por IA.
¡Qué pasa, gallináceos estroboscópicos míos! Aquí vuestro reportero más dicharachero de Barrio Sésamo para seguir hablando del pepinaco, esa cosa grande y negra que tengo ahora. Pero antes, un pequeño inciso sobre una consulta que me habéis hecho en el grupo de Relfon. Sí, Relfon, que después de practicarlo mil veces, ¡por fin me sale bien la pronunciación!
Me habéis preguntado por mi reciente visita al cardiólogo. La verdad es que iba un pelín asustado. Uno intenta cuidarse como puede a los 50 años, aunque la voluntad con la comida a veces flaquee. Sigo una dieta mediterránea e intento aplicar el ayuno intermitente, cenando sobre las siete u ocho de la tarde y no volviendo a comer hasta las nueve de la mañana del día siguiente.
El truco del cardiólogo: una dieta de 500 calorías
En la consulta me hicieron varias ecografías, me revisaron las yugulares y un montón de cosas más, aunque curiosamente no me hicieron la prueba de esfuerzo que esperaba. El médico me dijo que todo estaba bien, incluso que podría parecer que estoy algo mejor. ¡Cojonudo! Aproveché para comentarle que sigo intentando perder peso y que, aunque el Rybelsus me ayuda a no engordar, no consigo adelgazar.
Fue entonces cuando me dio un truco. Hay que decir que este cardiólogo tiene una pinta de científico loco, con los pelos de punta, que impone un poco, pero es un hombre muy comunicativo. Me recomendó algo que, según él, practica: hacer una dieta de 500 calorías dos días a la semana. Su propuesta es comprar unos saquitos de verduras revueltas del supermercado Albert Heijn.
Aquí abro un paréntesis de Abuelo Cebolleta. El Albert Heijn (o AHA) es un supermercado a caballo entre un Mercadona y el súper del Corte Inglés: algo pijo y bastante caro. Además, últimamente han tenido serios problemas de sanidad, con retiradas de productos por salmonelosis e incluso por contaminación con… bueno, con caca. A pesar de su reputación, venden estos saquitos de verdura de unas 100 calorías cada uno. De hecho, mi pareja, a la que llamo «Inconveniente», usa uno de esos para hacer burritos para los dos.
La idea del médico es comerse tres de esos saquitos a lo largo del día: uno por la mañana, otro a mediodía y otro por la noche. Sumarían unas 300 calorías, dejando margen hasta las 500. Según él, la clave es demostrarle al estómago que quien manda es el cerebro, y que con el Rybelsus me resultará más fácil. Así que «Inconveniente» ya ha comprado cuatro saquitos: tres para que yo pruebe el lunes y uno para los burritos del fin de semana. Mi plan es llevarlos al trabajo, ya que allí es más difícil picar entre horas. En casa, con una tienda de conveniencia justo enfrente, la tentación es demasiado grande.
Domando la temperatura de la bestia negra
Ahora sí, vamos al tema que nos ocupa: mi ordenador, esa cosa negra y grande que todavía estoy terminando de configurar a mi gusto. Ayer mismo, mientras generaba imágenes con IA usando Draw Things con el portátil en el regazo, me di cuenta de un problema serio: el throttling. El equipo se calienta hasta el punto de quemar, con el aviso de los 90 grados saltando en pantalla.
La solución, sin embargo, es sencilla. Cuando lo coloco en su soporte metálico y le conecto el dock, la cosa cambia. Tengo un script que me carga automáticamente todo lo necesario, incluyendo el TG Pro para gestionar los ventiladores. Con esta configuración, el TG Pro pone a zurrir los ventiladores y la temperatura se mantiene en unos más que razonables 60-70 grados, incluso bajo carga intensa.
Actualmente estoy usando iCloud Drive para sincronizar mis archivos, y una vez que todo está en la nube, funciona de manera ultrarrápida. Este MacBook Pro es mi equipo «máster» desde que le vendí el Mac Studio a Mosqueperro. Pero mi objetivo final es usar mi Synology Drive, principalmente para poder trabajar de forma fluida con Windows.
El infierno de Windows y la decadencia del software
Y aquí llegamos a un punto doloroso. ¡Hostias, Windows! La semana pasada encendí mi Surface Pro y el Wi-Fi había dejado de funcionar, seguramente por una de sus maravillosas actualizaciones. En el Minisforum, la experiencia es simplemente torpe. Con razón Microsoft ha admitido que necesita mejorar. En el trabajo uso Windows 11, pero es un entorno controlado: lo enciendo el lunes, cargo Visual Studio, y no lo apago hasta el jueves. En ese contexto, funciona. Pero como usuario doméstico, es un desastre.
Me fastidia mucho lo que están haciendo, que me parecen puras «cancamusas». Ahora, para que los programas parezcan más rápidos, aceleran el procesador al abrirlos, en lugar de solucionar la causa real de la lentitud. Quiero pensar que es una solución temporal, un «mantente mientras cobro», pero me temo que el problema es más profundo.
Hablando en Twitter, surgió un tema interesante: el problema de la «diversity» en Microsoft. Ojo, no tengo nada en contra de la diversidad, pero si buscas un desarrollador de C++, me da igual su género, orientación, raza o si se siente vaquita o perrillo faldero. Lo que importa es que sea un buen desarrollador. Por simple estadística, si en una población hay un 80% de heterosexuales, en una empresa de 100 desarrolladores debería haber unos 80. Si fuerzas las cuotas, corres el riesgo de contratar a gente que no está cualificada.
Es como lo que ocurre en Sudáfrica con los «negros de cupo» en los consejos de administración. ¿Qué es peor, tener un consejo con un negro brillante y capacitado o tener cuatro que solo están ahí para cumplir una cuota y decir «sí, bwana»? Lo mismo aplica a cualquier campo. Si en una reunión de trabajo necesitas una opinión sobre un proyecto y un empleado te responde «guau, guau» porque se identifica como un animal, pues le suelto un puñetazo que lo escondo. En el trabajo, se trabaja como un profesional.
Parece que este es el problema de Microsoft: ha potenciado tanto la diversidad que ha contratado a mierdas de programadores solo por cumplir una cuota. La prueba es que ahora anuncian mejoras de rendimiento del 46% en componentes del explorador. ¿Cómo han permitido esa dejadez y decadencia durante tanto tiempo? Espero que esto marque un punto de inflexión y que empiecen a despedir a toda la morralla que no sabe programar, sean heteros, blancos, terians o lo que sea. Si no vales, no vales.
Y con esta reflexión de olla de vuestro reportero dicharachero, me despido. ¡Que no os la pique un pollo belga a… ¡Demonio!