Este texto ha sido generado por Gemini 2.5/3.1 a partir del audio del autor. El contenido y las ideas son íntegramente del autor; la redacción ha sido asistida por IA.
¿Qué pasa gallinicas mías? Aquí vuestro reportero más dicharachero para contaros las peripecias de mi reciente viaje a España. La idea original era grabar un audio encadenado con impresiones del camino, pero la realidad, como siempre, superó al plan. Una vez en España, entre el ajetreo y las idas y venidas, el proyecto se fue al traste. Así que borrón y cuenta nueva, y aquí os traigo el resumen de todo lo acontecido.
Una de cal: El accidentado viaje de ida a España
El motivo del viaje no fue precisamente una celebración. Hace cosa de un mes, intentaron entrar en mi casa de Alicante, donde se encontraba mi madre. Por suerte, sus gritos ahuyentaron a los asaltantes. La situación en el barrio se había complicado últimamente por la presencia de un grupo que, según parece, estaba causando bastantes problemas, desde atracos a agresiones.
Aunque no se puede confirmar al cien por cien, la cronología es clara: antes no estaban y no pasaba nada, llegaron ellos y empezaron los intentos de robo. Blanco y en botella. Parece ser que finalmente hicieron limpieza y se los llevaron a todos. Y sobre esto tengo una opinión bastante contundente, siento si suena dura, pero es lo que pienso: me gustaría que los pusieran en una patera en el punto Nemo del Pacífico con un jamón, al estilo de los amotinados de la Bounty, y que se buscasen la vida. Es la puta realidad.
Por si fuera poco, el viaje de ida tuvo su propia dosis de drama. A la altura de Barcelona, el coche decidió que ya había tenido suficiente y se encendió el piloto naranja del motor. Paramos, revisé niveles de aceite, agua del radiador, y comprobé que el ventilador funcionaba. El motor no parecía sobrecalentado, aunque mi coche no tiene medidor de temperatura para confirmarlo.
En un alarde de modernidad, le saqué una foto al motor, se la envié a Gemini junto al modelo del coche y, tras una interesante conversación con la IA, llegamos a la conclusión de que no era nada grave. Le di instrucciones a Inconvenient para conducir de forma suave, sin acelerones, y continuamos el viaje. Al volver, el taller confirmó que podría ser un aviso del catalizador, pero con casi 150.000 kilómetros, no parece una reparación prioritaria. Sigo pensando, como Gemini, que son los sensores sucios.
Una de arena: Solete, el nuevo marqués de la casa
El viaje de vuelta fue una historia completamente diferente, y el culpable tiene nombre propio: Solete. Decidimos hacerlo del tirón, sin paradas en hoteles, precisamente por él. Habíamos adoptado un nuevo gato de una protectora y queríamos minimizar su estrés. Fuimos a una casa de acogida, firmamos un contrato más largo que un día sin pan, que especificaba cosas tan curiosas como que no puedo exhibirlo en un circo ni, por supuesto, comérmelo. Un contrato, por cierto, más pensado para perros que para gatos.
El plan era sencillo, pero Solete tenía otras ideas. Pensábamos que se marearía y se quedaría tranquilo en su transportín, como hizo Gordi en su día. ¡Error! Este gato no se marea y es más porculero que un dolor de muelas en el coche. El viaje desde Alicante fue una sinfonía de «mao, mao, mao» ininterrumpida. Parábamos, le dábamos de comer —se le cayó el pienso al suelo y se lo comió de ahí mismo—, bebía agua y volvía a su transportín por voluntad propia. Pero en cuanto arrancábamos, volvía el concierto.
La cosa se calmó un poco al llegar a Barcelona, pero con la noche llegó el verdadero horror. La idea de parar en un hotel y repetir el trauma al día siguiente nos pareció una tortura, así que nos armamos de café y continuamos del tirón. No fue hasta que entramos en Bélgica que el pobre se quedó afónico y por fin se calló. Fue un viaje horrible, pero mereció la pena.
Al llegar a casa, Solete se transformó. Recorrió cada rincón oliéndolo todo, sin esconderse en ningún momento. Es un zampabollos, como yo, y desde el primer día se ha comportado como un auténtico sol. Nos deja cogerlo, abrazarlo, darle besos… ya hasta me ha quitado mi sillón de leer un par de veces. Es un gato tranquilo, no intenta escalar y ya ha descubierto a los pajaritos del jardín, a los que observa desde el alféizar de la ventana mientras toma el sol.
Tenemos algunos retos, eso sí. No le gusta la comida húmeda, vital para sus riñones, ni el pienso nuevo, que es de mucha mejor calidad que el de la protectora. Inconvenient, en un arrebato, compró 24 latas, así que nos toca hacer malabares mezclando comidas. También compramos un saco de 14 kilos de pienso en oferta, que viendo lo que come, no sé cuánto durará. Además, le vamos a comprar un dosificador para que no nos pida comida a nosotros cada vez que nos levantamos por la noche.
Por cierto, pesa sus buenos cinco kilos y está jamono. Le quitaron un colmillo que tenía mal y aún le estamos dando un antiinflamatorio. La protectora nos dijo que lo envolviéramos en una toalla para dárselo, pero nos miramos Inconveniente y yo y decidimos probar sin tanto lío. Lo siento en mi regazo, ella le pone la jeringuilla en la boca y para adentro. Sin más. Es un auténtico solete de gatete.
Entre maullidos y kilómetros: Novedades en el universo Apple
Durante la serenata de Solete en el coche, Carlos Castillo me sopló la gran noticia: Tim Cook había dimitido. Creo que le contamos al gato doscientas veces que se abría una nueva era en Apple para ver si se callaba. La verdad es que la noticia me pilló por sorpresa, pero ya iba siendo hora de que «Timoteo Cocinillas» diera un paso al lado.
Yo mismo había vaticinado en WinTablet que el candidato ideal era John Ternus, y así ha sido. Lo primero que pensé fue: ¿y ahora qué va a decir Fefo? Porque «Bravo Ternus» no suena igual que «Bravo Tim». Ya le hemos puesto apodo, por supuesto: «Juanito Termo». La ironía es maravillosa: se va un «cocinillas» y llega una «Thermomix». ¡La conjunción de los hados!
He leído por ahí que la influencia de Juanito Termo ya se estaba notando en los últimos tiempos, con Timoteo Cocinillas en retirada. Se dice que el MacBook Neo es idea suya y que ha empezado a dar patadas en algunos culos con el tema de la inteligencia artificial. También he leído que el ratón que se carga por el culo y el teclado mariposa fueron cosa suya, aunque yo creo que fue en «connivencia» (¡aprended la palabra, incultos!) con Jony Ive.
Veremos qué cambios reales nos trae. Se espera que en la WWDC de junio veamos por fin algo interesante sobre Siri. Septiembre será el momento clave para empezar a ver el nuevo rumbo de la compañía. La verdad es que tengo ganas de ver si realmente vuelve a primar la tecnología.
Tesoros de papel y planes de podcasting
El viaje también coincidió con una noticia fantástica. Por fin ha salido en España la colección de tomos pequeños de Julio Verne que llevaba tiempo esperando. Ya se había publicado en varios países de Latinoamérica y era raro que no llegara aquí. He aprovechado para suscribirme y el bueno del señor Tejedor me irá guardando las entregas hasta que junte unas cuantas para enviármelas.
Y para terminar, una pequeña anécdota del directo. Mientras grababa este audio, Inconvenient me interrumpió para coordinar la publicación de nuestros respectivos podcasts. Ella acababa de llegar de comprarle a Solete una planta gatera, que el animalito ha devorado como si no hubiera un mañana. Así que hemos decidido publicar nuestros episodios a la vez. ¡Sincronización marital en estado puro!
Y poco más que contar, gallinicas. Con un nuevo miembro en la familia y una nueva era en Cupertino, el futuro se presenta interesante. Ya sabéis, no olvidéis sospechosos habitualizaros, que no os la pique un pollo belga. A demonio demoníaco.