Microsoft se sincera: Los problemas de Windows 11 y su plan para arreglarlos

Un correo de Microsoft Insider revela los problemas de rendimiento, fiabilidad y usabilidad de Windows 11. Analizo su plan de mejora y mis experiencias con la IA.

Este texto ha sido generado por Gemini 2.5/3.1 a partir del audio del autor. El contenido y las ideas son íntegramente del autor; la redacción ha sido asistida por IA.


¿Qué pasa gallinicas mías? Aquí vuestro reportero más dicharachero de Barrio Sésamo para comentar un correo que hemos recibido todos los Microsoft Insiders. Sí, soy un insider, un empotrador (chiste privado para los amigos de la pradera). El caso es que Microsoft ha enviado una comunicación, bastante larga y en castellano, donde reconoce abiertamente todas las pegas que arrastra Windows últimamente.

Es el típico comunicado de Microsoft, con mucha paja y balbuceos, muy a lo «mucho ruido y pocas nueces» de Shakespeare. Pero entre todo el relleno, hay contenido y aspectos técnicos interesantes. Por cierto, mientras leía, el brillo de mi iPhone se ha vuelto loco y ha subido al máximo sin motivo. ¡Tecnología, quién te entiende! Pero volvamos a lo nuestro, que me disperso como mantequilla fluida.

El reconocimiento: Windows 11 tiene serios problemas de calidad

Lo primero y más importante es que Microsoft admite que Windows 11 tiene serios problemas de calidad en tres áreas clave: rendimiento, fiabilidad y usabilidad. En mi opinión, muchos de estos problemas vienen de su obsesión con la inteligencia artificial. Están metiendo IA en todas partes, y aunque yo la uso muchísimo para el desarrollo, una cosa es usarla y otra dejar que la IA se encargue de tus builds y tus pruebas. ¡Las pruebas las hago yo!

Este enfoque ha derivado en otro gran problema: la calidad de Windows Update. No hay una sola actualización que no le rompa algo a alguien. Yo, de momento, toco madera en el trabajo, que es donde importa. Esta mañana, por ejemplo, el ordenador arrancó con un error que no pudo reparar, pero al darle a «continuar» funcionó sin más. Cositas raras a las que nos estamos acostumbrando.

Rendimiento: La eterna lucha por la agilidad

Microsoft promete mejoras concretas en el rendimiento. Quieren un menor uso de recursos, algo lógico si pensamos en la cantidad de aplicaciones tipo PWA o WebUI que son, básicamente, HTML embebido. Al principio yo denigraba estas apps, pero reconozco su utilidad multiplataforma. Sin embargo, ¿tiene sentido que el Bloc de Notas o el Paint sean una WebUI? Para mí, no.

Siempre he defendido que las aplicaciones del sistema deben estar escritas en el lenguaje nativo del sistema operativo. Apple lo hace de maravilla: antes Objective-C, ahora Swift. Microsoft usaba C y C++ con MFC, y funcionaba. Incluso acepté que usaran C#/.NET cuando se volvió casi nativo, pero ahora hasta han descontinuado WPF. Parece que su nuevo camino es WinUI 3, una interfaz que pretende ser la nueva capa nativa sobre Win32, construida con componentes COM y compatible con C++, C#, Javascript… Es un tema complejo que merece un análisis aparte en el futuro.

Además, prometen un inicio más rápido de aplicaciones y del explorador. Un programa nativo como Notepad++, escrito en C, es casi instantáneo. El explorador, en cambio, es un desastre. El proceso de copiar o mover archivos es un dolor: primero lee el origen, luego comprueba el destino, simula la copia, pregunta por conflictos y finalmente actúa. Es un proceso absurdo que espero que arreglen de una vez. También mencionan un mejor rendimiento de WSL (el subsistema de Linux), aunque en mi experiencia, ya es bastante aceptable.

Fiabilidad: Drivers, periféricos y un Windows Update predecible

En el apartado de fiabilidad, las promesas son ambiciosas: menos fallos del sistema, drivers más estables y mejor soporte para Bluetooth, USB, impresoras, audio y cámaras. Personalmente, no he tenido grandes problemas con los drivers, que considero que tienen un framework muy bueno en Windows, pero si lo mencionan, será por algo. El USB, eso sí, es lento, pero también me pasa en macOS.

La joya de la corona es la promesa de un Windows Update «más predecible y con menos interrupciones». Aquí mi escepticismo es máximo. Lo que deberían hacer es volver a certificar hardware específico, como hacían antes. Con la automatización actual, podrían probar cada actualización en miles de equipos certificados antes de lanzarla al público. Finalmente, prometen un Windows Hello más fiable, aunque a mí en la Surface me funciona de maravilla, reconociéndome incluso mientras me estoy sentando.

Usabilidad y el futuro de Copilot

En usabilidad, Microsoft quiere ofrecer más personalización en la barra de tareas, menos ruido visual y notificaciones, y widgets menos intrusivos. Pero lo más importante es que prometen una «búsqueda más coherente y clara en todo el sistema». ¡Ya era hora! Es increíble que a mediados del siglo XXI la búsqueda de Windows sea tan deficiente.

Y aquí viene lo interesante: anuncian una «reducción de la presencia de Copilot». Planean ponerlo solo donde realmente sea útil. A mí no me molesta que esté en el Paint, si no lo usas, no pasa nada. El problema real es que el motor de IA está siempre cargado, consumiendo una cantidad ingente de RAM. En la Surface Pro 11, de 16 GB, 8 están reservados para Copilot. Es cierto que libera memoria si la necesitas, pero el consumo inicial es brutal.

Mi experiencia con la IA: Copilot vs. Gemini

Hablando de IA, yo uso el Copilot de Edge principalmente para resumir noticias o artículos largos. Si le pido que me resuma un vídeo, es señal de que no me interesa lo suficiente como para verlo entero. Hay vídeos, como los de JerryRiggedEverything, que me los veo todos aunque siempre haga lo mismo: rayar, doblar y destrozar teléfonos.

Para tareas serias de desarrollo, Copilot se queda corto. Por eso pago por Gemini. Este fin de semana, por ejemplo, un cliente tenía un problema con TeamViewer: le saltaba publicidad constantemente, tapando nuestra aplicación que se supone que siempre debe estar en primer plano. Le pregunté a Gemini, me indicó dónde encontrar el log, se lo envié y me diagnosticó el problema al instante. Resulta que el servidor de TeamViewer pensaba que era una cuenta gratuita y lo bombardeaba con anuncios. La solución: reinstalar. Para este tipo de cosas, Gemini es una herramienta increíble.

Conclusión: ¿Confianza recuperada?

Veremos cuántas de estas promesas se cumplen y cuántas son solo palabrería para mantenernos tranquilos. Indirectamente, parece que Apple también planea un lanzamiento centrado en la estabilización de su sistema operativo, algo que ya le va haciendo falta. De Apple me creo poco, pero de Microsoft, todavía menos. Tienen que trabajar mucho para volver a ganarse mi confianza.

El tiempo dirá. Ya sabéis, no olvidéis sospechosos habitualizaros. Y como esto es un leña al mono, ¡que no os la pique un pollo belga!

IA a céntimos y el misterio del Mac Studio sin internet

Descubre cómo he revolucionado mi blog con IA por céntimos y resuelve conmigo el misterio que dejó mi Mac Studio sin conexión a la red por culpa de Tailscale.

Este texto ha sido generado por Gemini 2.5/3.1 a partir del audio del autor. El contenido y las ideas son íntegramente del autor; la redacción ha sido asistida por IA.


¿Qué pasa, gallinicas mías? Aquí vuestro reportero más dicharachero para contaros un par de batallas. Si habéis seguido las últimas entradas del blog, habréis notado un cambio de calidad más que absoluto en los textos generados a partir de los audios. Antes de desvelar el secreto detrás de esta mejora, permitidme que os cuente una de esas historias del abuelo Cebolleta que tanto nos gustan.

Una historia de terror en la red: Cuando el Mac Studio se negó a conectar

Desde hace varios días, mi Mac Studio sufría una conexión de red terriblemente lenta. No hablo de un pequeño lag, sino de una velocidad de entre 1 y 2 kilobytes por segundo. La situación llegó a un punto crítico este domingo por la tarde, cuando la red local dejó de funcionar por completo. Olvidaos de internet; ni siquiera podía comunicarme con mi Synology. El Synology Drive iba a paso de tortuga y compartir la pantalla con el Mac Mini en alta calidad era una misión imposible, a pesar de que todo está conectado por cable a través del router y switches.

Bastante mosqueado, empecé el ritual de solución de problemas: revisé las prioridades de red, desconecté y conecté el WiFi, cambié los cables de red entre el Mac Mini y el Mac Studio, conecté el equipo directamente al router… Nada. El rendimiento de la red del Mac Studio era, sencillamente, asqueroso. Me negaba en rotundo a reinstalar macOS otra vez, así que estaba a punto de tirar la toalla.

En un acto de desesperación, le pregunté a Gemini, que me dio una serie de pasos estructurados para encontrar la solución. Aunque ninguna de sus sugerencias directas funcionó, me pusieron en el camino correcto. Mientras investigaba, mi subconsciente me gritaba que mirara algo que tenía delante de las narices. Y de repente, lo vi: ¿qué demonios hacía la VPN de Tailscale activada sin ningún icono en la barra de menús?

Fue hacer clic en «desactivar» y, como por arte de magia, todo volvió a la vida. Las ventanas que cargaban con una lentitud exasperante hicieron «frrrr, roca» y la velocidad se disparó de nuevo a los 800 Mbps. El culpable era el maldito Tailscale. Según me confirmó Gemini, es un problema que puede ocurrir, sobre todo si se activa el «exit node». Parece que se enreda con las IPs locales (las del tipo 100.x.x.x) y no es capaz de resolver las DNS correctamente, colapsando toda la conexión.

La solución fue drástica pero necesaria. Desinstalé Tailscale del NAS, para lo cual tuve que activar momentáneamente el acceso SSH, ejecutar los comandos de borrado y volver a desactivarlo. Hice lo mismo en el Mac y en el iPhone, y para rematar, entré en la web de Tailscale y eliminé toda mi configuración. No quiero que dentro de una semana se reactive solo y me vuelva a dejar tirado. Así que, una y no más, Santo Tomás. Y si ahora sale el de siempre a decir «pues a mí me va bien», le diré: cojonudo para ti.

El dilema: ¿IA local o en la nube? Un análisis de costes

Ahora sí, vamos al meollo del asunto: el salto de calidad en las entradas del blog. Todo empezó con un profundo estudio económico. Estuve barajando la idea de comprar un nuevo Mac Studio con 128 GB de RAM y 4 TB de disco duro para ejecutar modelos de IA en local. El capricho, entregando mi equipo actual, se iba a unos 5.000 euros.

Haciendo números, si mi gasto actual en tokens de API es de unos 20 euros al mes, necesitaría 20 años para amortizar esos 5.000 euros. Como bien me dijo Gemini, «cuando pasen los 20 años, ese Mac Studio será un pisapapeles muy caro que fue muy caro en su momento». La lógica era aplastante, así que decidí optimizar mi flujo de trabajo usando APIs online.

Mi nuevo flujo de trabajo y el ridículo coste de la calidad

Mi proceso ahora es un híbrido. La eliminación de ruido del audio la hago con una red neuronal en local, que es prácticamente instantánea. La transcripción también la realizo en local, aunque curiosamente en el Mac Studio va superlenta, mientras que en mi viejo iMac Intel es siete veces más rápida. El paso final, la creación del texto del blog, es donde entra en juego la API de Gemini.

Para que os hagáis una idea, he procesado tres podcasts con este nuevo sistema, incluyendo la reescritura de la entrada sobre Roma y una nueva sobre otro libro. El consumo total fue de 19.000 tokens. ¿El coste? Preparaos: cuatro céntimos de euro. Por cuatro céntimos, estoy obteniendo una calidad de texto espectacular, y eso que podría usar un modelo más caro. Me he puesto un límite de 10 euros al mes para esto, y a este ritmo, me va a durar meses.

También exploré los costes de traducción. Una traducción decente para uso interno sale por un euro y medio cada 100.000 palabras, lo que equivale a un libro de 200-300 páginas. Gemini me calculó que traducir una obra como Guerra y Paz (que, de forma un poco inquietante, sabía que estaba leyendo en papel) costaría entre 8 y 10 euros. Luego caí en la cuenta de que lo sabía porque se lo mencioné en una de las transcripciones que le pasé para analizar. ¡Qué memoria tiene el bicho!

La IA, la traducción y una imitación fallida de Dune

Hablando de traducir, no creo que vaya a usar la API para traducir 200 libros al mes. Normalmente leo en inglés, pero hace poco traduje la novela El Imperio del Silencio porque su estilo de escritura me resultaba extraño y no lograba concentrarme. Más tarde descubrí que la comunidad de fans ya había traducido toda la saga.

Aunque dicen que es como Dune, mi opinión es muy distinta. Intenta imitar ese tono místico-mesiánico, pero no se le acerca ni a la suela de los zapatos. Me resulta aburrida y demasiado explicativa. El autor te cuenta la historia dos veces: primero narra la acción y luego te detalla el proceso interno de decisión del personaje. Es redundante y no termina de cuajarme.

En fin, el futuro pasa por seguir afinando este sistema. Quizás el próximo paso sea usar una voz sintética para limpiar las grabaciones de repeticiones y muletillas, pero eso ya será para otra reencarnación. Por ahora, el salto cualitativo y económico es innegable.

Así que ya sabéis, no olvidéis sospechosos habitualizaros, que no os la pique un pollo belga. ¡A demonio demoníaco!