El enigma del «cachorro de bulldog» de Watson: Una nueva interpretación del canon holmesiano
Como aficionado al universo de Sherlock Holmes, siempre me ha fascinado la forma en que los pequeños detalles pueden cambiar completamente nuestra comprensión de una obra. Hoy quiero compartir una reflexión sobre un curioso elemento que aparece en «Estudio en Escarlata», la primera novela donde Arthur Conan Doyle nos presenta a Holmes y Watson.
La edición anotada de Klinger
Antes de entrar en materia, vale la pena mencionar el extraordinario trabajo de Leslie S. Klinger en sus ediciones anotadas de Sherlock Holmes. Para quienes no estén familiarizados, estas ediciones presentan el texto original en una columna central que ocupa aproximadamente dos tercios de la página, mientras que el tercio restante (más los márgenes) está dedicado a extensas anotaciones que contextualizan, explican y analizan cada detalle relevante del texto.
Klinger ha realizado una labor enciclopédica, ofreciendo información histórica, referencias culturales, análisis lingüísticos y múltiples interpretaciones de los estudiosos holmesianos. A veces, estas anotaciones pueden resultar abrumadoras en su prolijidad, extendiéndose durante varias páginas antes de que el texto principal continúe. Sin embargo, es precisamente esta minuciosidad la que hace que emerjan detalles fascinantes que podrían pasar desapercibidos incluso para lectores habituales.
La misteriosa afirmación de Watson
En «Estudio en Escarlata», cuando Holmes y Watson se conocen y están considerando compartir alojamiento, tienen este breve intercambio:
—Y usted, ¿qué tiene que confesar? —preguntó—. Es conveniente que dos hombres sepan lo peor de cada uno antes de irse a vivir juntos.
Me reía ante semejante interrogatorio.
—Tengo un cachorro de bulldog —dije—, y estoy en contra de las discusiones y los ruidos, porque mis nervios son delicados.
Este pasaje aparentemente innocuo ha generado confusión entre los estudiosos de Sherlock Holmes durante décadas, ya que el mencionado cachorro de bulldog jamás vuelve a aparecer en toda la saga. Ni una sola mención, ni siquiera de pasada. Para un autor tan meticuloso como Conan Doyle, esta omisión resulta, cuando menos, extraña.
Las interpretaciones tradicionales
Los estudiosos holmesianos han ofrecido diversas explicaciones para esta incongruencia:
- Un simple olvido del autor: Conan Doyle podría haber mencionado inicialmente un perro y luego olvidarse de él en historias posteriores.
- Una metáfora de personalidad: Algunos sugieren que Watson estaba describiendo su propio carácter, comparándose con un bulldog: leal pero temperamental si se le provoca.
- Un detalle temporal: Quizás Watson tenía temporalmente un perro que luego regaló o perdió antes de los eventos narrados en otras historias.
Sin embargo, estas explicaciones no resultan del todo satisfactorias si consideramos el contexto completo.
Una nueva interpretación: el «Bulldog pup» como arma
Existe una interpretación alternativa que da mucho más sentido a este pasaje: «Bulldog pup» (cachorro de bulldog) era también el nombre coloquial de un tipo de revólver pequeño de la época victoriana.
Esta interpretación tiene varios elementos a su favor:
- Contexto histórico: En la época victoriana existían varios modelos de armas cortas denominadas «Bulldog» por su robustez y potencia, y «pup» (cachorro) hacía referencia a versiones más pequeñas y fáciles de ocultar.
- Coherencia narrativa: Watson era un veterano de guerra recién regresado de Afganistán. Que portara un arma para su protección personal sería completamente lógico.
- Ortografía original: En algunas ediciones originales, «Bulldog Pup» aparece con mayúsculas, lo cual sugiere un nombre propio o una marca, no un animal doméstico.
- Continuidad con el resto del canon: En muchas aventuras posteriores, Holmes le pide a Watson que lleve su revólver. De hecho, Watson demuestra ser un tirador competente en varias ocasiones, algo que encaja perfectamente con esta interpretación.
- El contexto de la conversación: Holmes y Watson estaban compartiendo sus peores defectos antes de mudarse juntos. Watson estaría advirtiendo sutilmente a Holmes: «Llevo un arma y tengo mal genio si me provocan». Esta lectura da un tono completamente diferente a la escena, mostrando a un Watson mucho más cauto y potencialmente peligroso que la imagen tradicional del médico bonachón.
La importancia de los detalles
Esta reinterpretación no es un mero ejercicio académico. Cambia significativamente nuestra comprensión del personaje de Watson, especialmente en sus primeros días de relación con Holmes. Nos presenta a un hombre cauteloso, habituado a protegerse, y que no duda en hacerle saber a un potencial compañero de piso que no debe ser tomado a la ligera.
También pone de manifiesto cómo los significados pueden perderse con el tiempo y las traducciones. Lo que para un lector victoriano podría haber sido una clara referencia a un arma se ha convertido, para nosotros, en la mención de una mascota inexistente.
Conclusión
Si esta interpretación es correcta (y creo firmemente que lo es), las traducciones deberían reflejarla, ya sea mencionando explícitamente el revólver o incluyendo una nota aclaratoria a pie de página.
La próxima vez que leáis «Estudio en Escarlata», imaginad a un Watson que, en lugar de hablar sobre una mascota, está sutilmente advirtiendo a Holmes que va armado. Esto aporta una nueva dimensión al inicio de una de las amistades más célebres de la literatura.
Las obras clásicas siempre tienen más capas de las que imaginamos, y a veces, basta con examinar una sola frase con nuevos ojos para descubrir significados ocultos que han estado ahí desde el principio.
Esta entrada ha sido creada con Claude 3.7, basada en el audio LL0148 - El perro del doctor Watson